domingo, 7 de noviembre de 2010

Alter ego de la equidad socialista del XXI
Adriana Colmenares
Las expropiaciones, mal llamadas socializaciones por los revolucionarios, son la “muerte viva” de Venezuela. Economistas aseguran que si no cesan las tomas de activos forzosos por parte del Ejecutivo Nacional, las inversiones privadas y extranjeras emprenderán vuelo. ¿Entonces, es conveniente la materialización del socialismo del siglo XXI?
Para los revolucionarios son necesarias. Ellos piensan que el señor capitalista lo único que quiere es convertir al obrero en una máquina de producción, sin pensar en sus necesidades. Ésto se basa en el pensamiento de Carl Marx, el cual cita: “todo lo material es real y lo real es racional”. Es decir todos los requisitos básicos y disfrute de la vida deben ser garantizados. Y eso no es posible en el capitalismo. Para lograr este estado de plenitud utópico, es menester que el Estado administre los medios de producción en nombre de la sociedad, para luego repartir con equidad las riquezas, según la exigencia de cada sector. Cabe preguntarse ¿si el Gobierno Nacional tiene el poder absoluto de la economía no es eso un monopolio de Estado? No es lo que tanto critican los “socialistas”.
Por el contrario para el sector privado es un atropello, una coacción de las libertades económicas y sociales de sus inversiones. No hay seguridad jurídica, ya que carecen de “autonomía” los poderes del Estado, ni variedad de productos, calidad y precios, impidiendo la competitividad. Todo lo antes mencionado traerá a corto plazo el colapso de la economía venezolana y por consiguiente el aumento de la pobreza y el desempleo.
Es evidente por lo antes expresado que el Mandatario Nacional, lo que busca con las expropiaciones es consolidar su proyecto ideológico en vez de una vía para lograr resultados positivos para la economía. Evidenciando esto en las compañías que pasan a mano del Estado, en las cuales los trabajadores contratados que laboran allí, tienen sus mismos ideales, sin tener la preparación para el cargo. Desvirtuándose lo que se supone que es su meta, “administrar” los recursos para una repartición equitativa. Indiscutiblemente esto no ha sido posible ya que las funciones básicas de la administración no se han cumplido en ninguna de las empresas expropiadas bajo este gobierno, originando el alter ego del XXI. ¿Se preguntarán qué es el alter ego del XXI? Pues bien es el otro yo del discurso o retórica del Presidente de la República. Muestra unas intenciones que al final lo que realmente busca si se analiza, es una ambición de poder, ¿se puede llamar eso socialismo?
Es importante estudiar el modelo socialista en la historia, para darse cuenta que los países alineados a él han cambiado radicalmente o actualmente están abriendo su economía al mercado bursátil, como es el caso de China, la ex Europa del Este e incipientemente Cuba, entre otros. Vale preguntarse el porqué.
De no detenerse este aumento desmedido del poder estatal, habrá que olvidarse de nuevas inversiones del sector privado, lo que se traduce en un adiós al progreso del siglo XXI.

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