Caos sobre fusil
Adriana Colmenares
11 de abril de 2002. Hielo abrazador de dos obsesiones políticas. Donde el miedo a perder un poder vs. la retoma forzosa de una 4ta República terminó en una masacre de la identidad nacional. ¿Por qué elegir la violencia como arma política?, ¿Tiene justificación esta elección?
Evidentemente no tiene argumento alguno la utilización de este método represivo y atroz. Pareciera que nuestra especie vale poco para los radicales. Los gritos de agonía, no tienen comparación con sus deseos individualistas. Por tal motivo, es necesario que comencemos a entender por qué somos así y encontrar algo de paz a nuestra vida.
Es incuestionable que por nuestras venas corre ese “el lobo estepario”, el cazador, el revolucionario y el político. Mas pruebas de eso no puede haber, cuando observamos el transcurrir de la crueldad humana por el poder. Ejemplos de ellos son: las dos Guerras Mundiales, la Revolución Francesa, la Gran Revolución de Cultural del Proletariado y el 11 de abril de 2002, entre otros. Este suceso que sacudió a Venezuela, tan catastrófico como un terremoto, fue el inicio del caos sobre fusiles que se han gestado en la 5ta República.
De manera que, establecer quiénes son las víctimas y los victimarios, no tiene razón de ser. Muerte, dolor, angustia corrieron y siguen adosadas al Puente Llaguno. ¿Fue menester esa batalla campal? El propósito de ésta fue romper el orden constitucional. Pero para que 3 días después volviera al poder Hugo Chávez. ¿Qué se ganó con eso, venezolanos? ¡Nada!.
Está claro que, los extremistas de ambas tendencias no asimilaron las consecuencias de utilizar la violencia como arma para defender sus ideales. Esto queda evidenciado, al analizar sus retóricas de odio, las cuales manifiestan su miedo interior.
Yo no quiero una guerra en mi país y sé que ustedes tampoco. “La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.” Juan Pablo II.
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