El Yin-Yang del humor
“El humor es la cara civilizada de la desesperación” lo dijo el novelista y dramaturgo francés Boris Vian. En este siglo se evidencia aún más esta aseveración por la agitada vida del ser humano. De manera que el equilibrio de las personas está basado en el sentido de la ocurrencia.
Éste se encuentra entre dos vertientes complementarias, como son: la frivolidad y la seriedad. La primera es la superficialidad, la rebeldía, la vanidad, en la cual la persona se burla de todo sin medir las consecuencias, utilizando como mecanismo la ironía. El sarcasmo hiere, domina, desprecia, humilla y puede matar al no valorar la esencia de la vida. La segunda se basa en la rectitud, la formalidad, la circunspección, en donde el humor no tiene cabida, por la concepción de que ningún sujeto u objeto está sometido a la burla. No obstante la ironía no sólo se utiliza para ese propósito, sino también como una figura retórica que da a entender lo contrario sin llegar a ofender.
Sin embargo el que carece de humor no posee humildad. Ella está enmarcada en la grandeza, en la sencillez, en la tolerancia, en el ingenio, y en la alegría. Alegría que se transforma en risa, como una cura de la desesperación. Por eso se puede bromear acerca de todo, teniendo presente la línea divisoria entre “reírse de o reírse con”. Divertirse te libera de la cotidianidad, te hace más amigable y agrega felicidad a tu existencia. Por lo tanto es importante cultivar las virtudes de reír y hacer reír, aunque no siempre estén juntas.
Finalmente se llega a la conclusión que el sentido del humor, revela lo sutil de lo tonto y de lo serio, es la filosofía del yin-yang. En donde toda ironía hay algo alegre y en toda risa hay algo sarcástico. Es decir tratar de ver lo bueno de las situaciones difíciles mediante el ingenio, ya que te permitirá sobrellevar mejor a corto o a largo plazo lo que toca vivir en la tierra.
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